"Marlowe es un clásico del teatro de la crueldad; un campo en el que Antonin Artaud ha sido el san Juan Bautista de nuestro tiempo. Artaud es un visionario, un místico, un loco, pero también el precursor de un teatro y un drama que parece que comienza a valorarse. En Eduardo II se despliegan todas las formas de crueldad y de violencia, o al menos se describen: se asesina a gente en escena o se oyen gritos de víctimas entre bastidores; se exhiben las cabezas de los decapitados; se habla desapasionadamente de torturas y tormentos, con meticulosidad y fría elegancia. No sólo se muestran torturas físicas. Somos testigos también de torturas psicológicas."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, pág. 451.
Shakespeare es inagotable, no necesita justificación. Siempre he tenido ganas de tener un lugar donde anotar diversos aspectos sobre su tiempo, su biografía, su obra, lo que le ha seguido, bueno y malo. El estímulo inicial son las espléndidas palabras que el Marqués de Bradomín y Rubén Darío le dedican en "Luces de Bohemia", de Ramón María del Valle-Inclán. No me he podido resistir a compartirlas.
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sábado, 31 de julio de 2010
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