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sábado, 31 de julio de 2010

"Ricardo III posee, en la visión que Shakespeare ofrece de él, una espléndida inteligencia. Carece de ilusiones; sólo miente a los demás, nunca a sí mismo. Se gana nuestras simpatías, incluso en contra de nuestra voluntad. Al menos no podemos despreciarles. Maquiavelo resultó ser uno de los principales inspiradores del teatro político. Gracias a él, grandes tiranos se convirtieron en seres peligrosamente inteligentes: no tenían sólo asesinos a su servicio, sino también una filosofía de la historia y de la acción. Ricardo III es un príncipe maquiavélico."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, págs. 448-449.

miércoles, 28 de julio de 2010

"Tito Andrónico no es la obra más violenta de Shakespeare. Hay más cadáveres en Ricardo III y El rey Lear es mucho más cruel"
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, pág. 435.

martes, 6 de julio de 2010

"Empezamos nuestras reflexiones con aquella metáfora de la gran escalera de la historia. Leopold Jessner utilizó, precisamente, una escalera vacía para su puesta en escena de Ricardo III en el Schauspielhaus de Berlín. Esta metáfora tiene sus consecuencias filosóficas y también es fecunda desde el punto de vista teatral. No existen reyes buenos y malos, sólo reyes, cada uno en su peldaño de esa misma escalera; cambian sus nombres, pero siempre un Enrique echará abajo a un Ricardo, y viceversa. Las obras históricas de Shakespeare son dramatis personae del Gran Mecanismo. Pero ¿qué es ese Gran Mecanismo que empieza a los pies de la escalera y al que está sometido todo el reino? ¿Qué es ese mecanismo cuyas ruedas dentadas son los grandes señores y los asesinos a sueldo, que fuerza a la violencia, a la crueldad y a la traición, y que exige víctimas sin parar?¿ ¿Qué es ese mecanismo, cuyas leyes hacen que el camino hacia el poder conduzca al mismo tiempo a la muerte? Ese Gran Mecanismo es para Shakespeare el orden de la historia en la que el rey es el ungido de Dios.
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····················Ni toda el agua del áspero mar
····················puede quitar el óleo a un rey ungido.
····················El aliento de un mortal no puede deponer
····················al delegado elegido por Dios.
····························································(Ricardo III, III, ii)
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El Sol gira alrededor de la Tierra y, con él, en orden jerárquico, las esferas, los planetas y las estrellas. En el universo de los planetas y el coro de los ángeles tienen un orden, que tiene su reflejo en la Tierra, en la jerarquía social. Hay señores y vasallos, y vasallos de vasallos. El poder real dimana de Dios, que a su vez es la fuente de todo el poder en la Tierra."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, pág. 80.
"En esta tragedia [Ricardo III], la más violenta de Shakespeare junto con Tito Andrónico, sólo un personaje tiene un momento de duda y comienza a sentir escrúpulos. Este personaje es un asesino a sueldo [...]"
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, pág. 71.
"[...] en todas las obras históricas de Shakespeare emerge la imagen de la historia en sí misma, por encima de las peculiaridades personales de cada uno de los reyes y usurpadores. Es la imagen del Gran Mecanismo. Cada uno de los capítulos sucesivos, cada uno de los grandes actos de Shakespeare es una repetición:
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····················la incitadora loa de un lúgubre espectáculo;
····················elevado a lo más alto, para ser precipitada a lo más hondo.
·······················································································(Ricardo III, IV, iv)
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Es exactamente esta la imagen de la historia, que encontramos en Shakespeare en reiteradas ocasiones, la que se nos impone con fuerza. La historia feudal es una larga escalera por la que sube un séquito de reyes. Cada escalón, cada peldaño que asciende, que le acerca al trono, está marcado por el crimen, el perjurio y la traición.
·····[...]
·····Desde el último escalón sólo es posible precipitarse al vacío. Los monarcas cambian, pero la escalera permanece. Y todos, buenos o malos, valientes o cobardes, nobles o innobles, ingenuos o cínicos suben por la escalera de la misma manera."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, págs. 45-46.