"Cleopatra tiene veintinueve años cuando empieza la tragedia, y treinta y nueve cuando termina. En la primera escena Antonio tiene cuarenta y tres años; en la última, cincuenta y tres. No se trata en este caso de una mera cronología histórica. Romeo y Julieta es la tragedia del primer amor. Para esta pareja de jóvenes amantes del mundo no existe. Quizá por eso se decantan con tanta decisión por la muerte. Antonio y Cleopatra es la historia de amor de dos personas adultas."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, pág. 236.
Shakespeare es inagotable, no necesita justificación. Siempre he tenido ganas de tener un lugar donde anotar diversos aspectos sobre su tiempo, su biografía, su obra, lo que le ha seguido, bueno y malo. El estímulo inicial son las espléndidas palabras que el Marqués de Bradomín y Rubén Darío le dedican en "Luces de Bohemia", de Ramón María del Valle-Inclán. No me he podido resistir a compartirlas.
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domingo, 18 de julio de 2010
domingo, 13 de junio de 2010
"En realidad, los autores de tragedias isabelinas podían escribir las llamadas obras senequistas de tres maneras. Según la primera podían acudir directamente a los textos de Séneca e intentar transmitir su espíritu en idioma inglés. Era la fórmula de los aficionados que escribían para las Inns of Court. La segunda consistía en acudir al dramaturgo francés Garnier y aceptar su versión aguada del lenguaje de Séneca, considerada menos inquietante que la virulenta retórica del propio romano. Era una fórmula con pocas posibilidades de éxito tanto en los salones como en el teatro popular. Samuel Daniel se adelantó a Shakespeare escribiendo una tragedia titulada Cleopatra para deleite de los intelectuales agrupados en torno al conde de Pembroke. Es una obra insoportable, sobre todo si la abordamos inmediatamente después de volver a leer el Antonio y Cleopatra de Shakespeare, pues carece de gusto por el lenguaje, carencia no compensada por su acción, muy salpimentada. La tercera fórmula era la seguida por la mayoría de los dramaturgos populares: una imitación de la tradición italiana autodenominada 'senequista', pero que dejaba el escenario como un basurero de cadáveres, algunos descabezados, otros deslenguados y otros mutilados de brazos y piernas. Es la tradición que Shakespeare llevó hasta el límite en Tito Andrónico, donde hay violaciones, asesinatos, mutilaciones y, al final, canibalismo."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, págs 73-74.
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, págs 73-74.
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