"El primer dramaturgo que se atrevió a representar un destronamiento fue Marlowe. Shakespeare sentía fascinación por Marlowe, y probablemente éste le correspondía con el mismo sentimiento. Durante mucho tiempo se consideró que Shakespeare se inspiró y siguió el modelo de Eduardo II al escribir su Ricardo II, al menos en lo que se refiere a las escenas de la abdicación y el asesinato. Pero no se trata de un caso de influencia literaria cualquiera. Marlowe es el primer autor en convertir la historia dramática de un reino en la tragedia de la Historia; también es el introductor de los dos personajes principales del Gran Mecanismo: el rey y el usurpador. Eduardo II se convirtió en el modelo de la 'tragedia real' y Shakespeare repitió este modelo en Ricardo II."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, pág. 448.
Shakespeare es inagotable, no necesita justificación. Siempre he tenido ganas de tener un lugar donde anotar diversos aspectos sobre su tiempo, su biografía, su obra, lo que le ha seguido, bueno y malo. El estímulo inicial son las espléndidas palabras que el Marqués de Bradomín y Rubén Darío le dedican en "Luces de Bohemia", de Ramón María del Valle-Inclán. No me he podido resistir a compartirlas.
Mostrando entradas con la etiqueta formación intelectual. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta formación intelectual. Mostrar todas las entradas
viernes, 30 de julio de 2010
Etiquetas:
Eduardo II,
formación intelectual,
Kott,
Marlowe,
Ricardo II,
tragedias históricas
miércoles, 28 de julio de 2010
"Tito Andrónico forma ya parte del teatro de Shakespeare pero no es aún un texto de Shakespeare."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, pág. 436.
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, pág. 436.
Etiquetas:
formación intelectual,
Kott,
Tito Andrónico
domingo, 18 de julio de 2010
"En Coriolano hay poco anacronismos, los que a Ben Jonson le gustaba tanto señalar. El más hermosos de todos es la imagen de un héroe romano ante la multitud sacudiendo con desprecio un enorme sombrero en el Foro. El sombrero de Coriolano nos resulta ridículo a nosotros, pero no lo era para el público isabelino. Shakespeare escribía para el público de su época. La representación arcauizante de los dramas romanos de Shakespeare comenzó en la segunda mitad del siglo XIX. A Shakespeare le interesaba la historia en otro sentido muy distinto."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, pág. 260.
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, pág. 260.
Etiquetas:
Ben Jonson,
Coriolano,
formación intelectual,
historia,
Kott,
recepción público
martes, 6 de julio de 2010
[En medio de un contexto elogioso sobre su penetrante mirada psicológica, Kott escribe:]
"Según sostienen algunos comentaristas sabios es probable que Shakespeare nunca viese el mar, ni siquiera estuvo en un campo de batalla. No sabía nada de geografía. Pensaba que Bohemia estaba a orillas del mar. Proteus sube a un barco para viajar desde Verona a Milán, y aún peor, espera allí a que suba la marea. También Florencia es para Shakespeare una ciudad portuaria. Shakespeare tampoco sabía historia. En sus obras Ulises cita a Aristóteles y Timón de Atenas hace referencias a Séneca y a Galeno. Shakespeare tampoco sabía filosofía, ni arte militar, y mezclaba las costumbres de diferentes épocas. En Julio César hay un reloj que marca las horas, y una sirvienta ayuda a Cleopatra a abrocharse un corsé. Los cañones disparan pólvora en la época del rey Juan sin Tierra. Shakespeare no vio nunca el mar ni presencio batallas, tampoco subió montañas; no sabía historia, ni geografía, ni filosofía."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, págs. 65-66.
"Según sostienen algunos comentaristas sabios es probable que Shakespeare nunca viese el mar, ni siquiera estuvo en un campo de batalla. No sabía nada de geografía. Pensaba que Bohemia estaba a orillas del mar. Proteus sube a un barco para viajar desde Verona a Milán, y aún peor, espera allí a que suba la marea. También Florencia es para Shakespeare una ciudad portuaria. Shakespeare tampoco sabía historia. En sus obras Ulises cita a Aristóteles y Timón de Atenas hace referencias a Séneca y a Galeno. Shakespeare tampoco sabía filosofía, ni arte militar, y mezclaba las costumbres de diferentes épocas. En Julio César hay un reloj que marca las horas, y una sirvienta ayuda a Cleopatra a abrocharse un corsé. Los cañones disparan pólvora en la época del rey Juan sin Tierra. Shakespeare no vio nunca el mar ni presencio batallas, tampoco subió montañas; no sabía historia, ni geografía, ni filosofía."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, págs. 65-66.
Etiquetas:
Aristóteles,
Cleopatra,
El rey Juan,
formación intelectual,
Galeno,
Julio César,
Kott,
Séneca,
Timón de Atenas,
Ulises
viernes, 11 de junio de 2010
"Si vemos en el Stradford de la época tudor un lugar gris y desabrido donde los únicos acontecimientos los proporcionaban los bautizos, las bodas y los funerales, las citaciones ante el juez por dejar montones de estiércol fuera de las casas (algo que le había ocurrido en una ocasión a John Shakespeare), los largos sermones, las personas sorprendidas en adulterio, la inasistencia a la iglesia (de nuevo John Shakespeare), la persecución de brujas, la tortura de animales, las partidas de caza de la nobleza rural, los rudos y cruentos juegos de balón, las habladurías sobre apariciones de espíritus y hadas, de Puck o Robin Goodfellow ('Buen tipo', un apodo apotropaico para demostrar cuánto se le temía), las ferias, las visitas de recitadores itinerantes de romances, las ceremonias de las distintas estaciones, los mugidos de las vacas parturientas, la matanza de ternero sin destetar, el degollamiento del cerdo, las moscas en verano, la congelación de las bombas de agua en invierno, la peste la disentería, las malas cosechas, la fornicación, Jack-in-the-Green ('el hombre del bosque'), las borracheras, las amenazas de condena por parte de fanáticos religiosos, el juego de bolos, la caza furtiva, las palizas de los jóvenes a los viejos, la fiesta del final de la cosecha, las tareas de retejado, los incendios que arrasaban las estructuras de madera seca, el deterioro de los caminos tras las lluvias, los árboles caídos tras las tormentas, las bromas pesadas, los dolores de muelas y el escorbuto provocado por una mala dieta invernal, no andaremos muy descaminados. Pero aún había más.
·····Por ejemplo, las visitas de los actores y las actuaciones en el ayuntamiento por el municipio -los Hombres del Conde de Worcester en 1569, 1575, 1576, 1581 y 1584; los Hombres de la Reina en 1569 y 1587 [...]; los de Leicester en 1573, 1576 y 1587; los de Warwick en 1575; los de Strange (bajo el nombre de Derby) en 1579; los de Berkeley en 1581, 1582 y 1583; ¿es necesario continuar? O los cantos y los bailes. O el Lord of Misrule, el personaje navideño del desenfreno, el culto a Robin Hood (un espíritu de los bosques, como el del Amloth original convertido en Hamlet), así como la celebración de las mayas, tan condenadas por puritanos [...]
·····Lo que ha llegado hasta nosotros como una bagatela infantil de anémica belleza [los árboles de mayo] era entonces [...] una glorificación pagana de carácter fálico, con mucha formicación a la intemperie. En Stradford, como en otras ciudades y pueblos de la época tudor, era frecuente la lujuria, que no constituía del todo una práctica secreta sino que era exaltada periódicamente como un aspecto de la totalidad del proceso de la vida -la crianza de los animales, el florecimiento de la tierra- en que participaba con tanta exacerbación una sociedad agraria. En aquellos tiempos, muchachos y muchachas perdían pronto la virginidad y no podemos pensar que Will fuera una excepción."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, págs. 43-44.
·····Por ejemplo, las visitas de los actores y las actuaciones en el ayuntamiento por el municipio -los Hombres del Conde de Worcester en 1569, 1575, 1576, 1581 y 1584; los Hombres de la Reina en 1569 y 1587 [...]; los de Leicester en 1573, 1576 y 1587; los de Warwick en 1575; los de Strange (bajo el nombre de Derby) en 1579; los de Berkeley en 1581, 1582 y 1583; ¿es necesario continuar? O los cantos y los bailes. O el Lord of Misrule, el personaje navideño del desenfreno, el culto a Robin Hood (un espíritu de los bosques, como el del Amloth original convertido en Hamlet), así como la celebración de las mayas, tan condenadas por puritanos [...]
·····Lo que ha llegado hasta nosotros como una bagatela infantil de anémica belleza [los árboles de mayo] era entonces [...] una glorificación pagana de carácter fálico, con mucha formicación a la intemperie. En Stradford, como en otras ciudades y pueblos de la época tudor, era frecuente la lujuria, que no constituía del todo una práctica secreta sino que era exaltada periódicamente como un aspecto de la totalidad del proceso de la vida -la crianza de los animales, el florecimiento de la tierra- en que participaba con tanta exacerbación una sociedad agraria. En aquellos tiempos, muchachos y muchachas perdían pronto la virginidad y no podemos pensar que Will fuera una excepción."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, págs. 43-44.
Etiquetas:
Burgess,
formación intelectual,
materiales
"Resulta extraño que los baconianos asocien el diálogo de las obras de Shakespeare con un saber profundo y sutil. Los personajes shakespearianos, sobre todo en las obras de los periodos temprano y medio, no dejarán de parlotear (el término 'parloteo' es la palabra con que el propio Shakespeare designa las tiradas de los actores en Ricardo II) hasta tener la réplica de otro personaje. No hay aquí gran cosa del laconismo que hallamos, por ejemplo, en los Ensayos de Bacon. El contenido del diálogo se inspirará, quizá, en un saber libresco -menos, tal vez, por convencimiento de su auténtico valor cuanto por una visión comercial de lo que puede agradar a los bachilleres presentes entre el público-, pero será, probablemente, poco de fiar por lo que respecta al protocolo cortesano o en materia de viajes al extranjero. Habrá en él astucias de provinciano, cortesías cuidadosamente aprendidas, cierta tendencia a mostrarse proverbial y hasta clerical, pues el sermón de los domingos era un elemento del continuo del habla. En realidad, el diálogo dará una imagen de lo que era en esencia el poeta: un chico del campo decidido a derrotar a los refinados tipos de ciudad en su propio juego, pero, a menudo, demasiado impaciente para aprender a fondo todas las lecciones. Sin embargo, el hecho de que todavía exista la herejía baconiana demuestra que aprendió bastante. Si volviera de la tumba, Will estaría encantado de su existencia. Al fin y al cabo, lo suyo era aparentar."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, pág. 36.
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, pág. 36.
Etiquetas:
Burgess,
formación intelectual,
recepción público
jueves, 10 de junio de 2010
"Hay quien piensa que la erudición exhibida en las obras de Shakespeare es incompatible con la escueta pitanza de clasicismo proporcionada por una escuela rural de gramática. En el siglo XIX surgió la herejía baconiana, según la cual sólo una persona sumamente erudita, con formación universitaria, experta en leyes y ciencias y cuyos ojos y oídos estuvieran adoctrinados por el 'Grand Tour' -la gira de los estudiantes ingleses por Europa-, pudo haber escrito las obras atribuidas tradicionalmente a un actor salido de las cuadras o las pocilgas del condado de Warwick
[...]
La cosa se reduce a lo siguiente: "Shakespeare no habría podido llegar a ser un supremo hombre de letras, sino se se benefició de nada mejor que una educación gratuita en una escuela de gramática. Y parece evidente que eso fue cuanto tuvo. Se casó antes de haber cumplido veinte años; y además, ¿de dónde iba a sacar el dinero? Sin embargo, es una necedad suponer que el gran arte requiere una educación superior. Cualquier campesino puede aprender a escribir -y escribir bien- por su cuenta. Cualquier escritor campesino puede dar la sensación de poseer un gran conocimiento del mundo si lee los libros adecuados y se mantiene alerta. Gracias a los trucos del artista, las obras de Shakespeare producen la ilusión de que su creador había realizado lagos viajes, había practicado todas las profesiones eruditas y había doblado su flexible rodilla en las cortes de su país y el extranjero. Esa superficie brillante sugiere una erudición y una experiencia que no tenían por qué darse necesariamente: el artista no ha de ser cortesano, viajero o académico, aunque su tarea consista, quizá, en crear esa clase de personas sacándolas de su imaginación.
[...]
El Autólico de Cuento de invierno es 'un cazador de menudencias triviales'; también lo es Shakespeare y, en realidad, cualquier escritor de obras de teatro o relatos de ficción. El escritor necesita una pizca de terminología psicoanalítica, no le hace falta haber leído todo Freud. Le basta con tomar algunos términos de un glosario editado en rústica o de algún entendido con quien se haya encontrado en un autobús. Si necesita saber algo sobre Madagascar o Cipango, se lo preguntará a un marinero que haya estado allí. Se puede conocer al autor de obras de ficción por su biblioteca, cuyos contenidos no halagarán nuestra vista ni dejarán en buen lugar la capacidad de su dueño como lector sistemático. En vez de falanges de encuadernaciones ricas y uniformes veremos en ella viejas guías de carreras de caballos, almanaques astrológicos sobados, publicaciones cómicas, diccionarios de segunda mano, libros de historia carentes de erudición y cuadernos repletos de datos curiosos espigados en maternidades o en talleres de taxidermistas. Podemos estar seguros de que cuando Shakespeare se hizo con una biblioteca, si es que lo logró, no fue como la de Bacon."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006. págs. 33-34
[...]
La cosa se reduce a lo siguiente: "Shakespeare no habría podido llegar a ser un supremo hombre de letras, sino se se benefició de nada mejor que una educación gratuita en una escuela de gramática. Y parece evidente que eso fue cuanto tuvo. Se casó antes de haber cumplido veinte años; y además, ¿de dónde iba a sacar el dinero? Sin embargo, es una necedad suponer que el gran arte requiere una educación superior. Cualquier campesino puede aprender a escribir -y escribir bien- por su cuenta. Cualquier escritor campesino puede dar la sensación de poseer un gran conocimiento del mundo si lee los libros adecuados y se mantiene alerta. Gracias a los trucos del artista, las obras de Shakespeare producen la ilusión de que su creador había realizado lagos viajes, había practicado todas las profesiones eruditas y había doblado su flexible rodilla en las cortes de su país y el extranjero. Esa superficie brillante sugiere una erudición y una experiencia que no tenían por qué darse necesariamente: el artista no ha de ser cortesano, viajero o académico, aunque su tarea consista, quizá, en crear esa clase de personas sacándolas de su imaginación.
[...]
El Autólico de Cuento de invierno es 'un cazador de menudencias triviales'; también lo es Shakespeare y, en realidad, cualquier escritor de obras de teatro o relatos de ficción. El escritor necesita una pizca de terminología psicoanalítica, no le hace falta haber leído todo Freud. Le basta con tomar algunos términos de un glosario editado en rústica o de algún entendido con quien se haya encontrado en un autobús. Si necesita saber algo sobre Madagascar o Cipango, se lo preguntará a un marinero que haya estado allí. Se puede conocer al autor de obras de ficción por su biblioteca, cuyos contenidos no halagarán nuestra vista ni dejarán en buen lugar la capacidad de su dueño como lector sistemático. En vez de falanges de encuadernaciones ricas y uniformes veremos en ella viejas guías de carreras de caballos, almanaques astrológicos sobados, publicaciones cómicas, diccionarios de segunda mano, libros de historia carentes de erudición y cuadernos repletos de datos curiosos espigados en maternidades o en talleres de taxidermistas. Podemos estar seguros de que cuando Shakespeare se hizo con una biblioteca, si es que lo logró, no fue como la de Bacon."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006. págs. 33-34
Etiquetas:
Burgess,
formación intelectual,
materiales
Suscribirse a:
Entradas (Atom)