"El nacimiento de la tragedia isabelina se parece mucho al nacimiento del cine. Cualquier cosa que estuviera al alcance de su mano era susceptible de convertirse en material para una tragedia: acontecimientos cotidianos, episodios de la crónica de sucesos, fragmentos de historia, leyendas, temas políticos o filosóficos. La tragedia se convirtió en una crónica de actualidad y una crónica histórica. Tenía un apetito voraz, y su libertad de reglas le permitía apoderarse de cualquier tema. Igual que el cine en sus comienzos, que se alimentó de crímenes, de historia y de una mirada cruda de la vida. Como todo era nuevo, todo era susceptible de ser adaptado. Los grandes isabelinos recuerdan a menudo a productores cinematográficos buscando argumentos con gancho. Basta con leer a Marlowe, Ben Jonson o Shakespeare.
·····Cuando el teatro abandonó las reglas de la dramaturgia isabelina perdió de golpe la espectacularidad y la frescura shakespearianas." [nota*]
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, págs. 438-439.
·
[Nota*. Algunos estudiosos asocian la caída del teatro posterior a Shakespeare con el triunfo definitivo del puritanismo y su exigencia de despojamiento escénico.]
Shakespeare es inagotable, no necesita justificación. Siempre he tenido ganas de tener un lugar donde anotar diversos aspectos sobre su tiempo, su biografía, su obra, lo que le ha seguido, bueno y malo. El estímulo inicial son las espléndidas palabras que el Marqués de Bradomín y Rubén Darío le dedican en "Luces de Bohemia", de Ramón María del Valle-Inclán. No me he podido resistir a compartirlas.
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jueves, 29 de julio de 2010
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domingo, 18 de julio de 2010
"La acción de Coriolano se sitúa en la época inmediatamente posterior a la abolición de la monarquía romana, en los tiempos casi legendarios del nacimiento de la república. Tito Livio alude someramente a la historia de Coriolano; sin embargo, Plutarco narra los hechos, en su Vidas de los nobles griegos y romanos, de forma detallada. La traducción inglesa de la obra de Plutarco se publicó en el año 1579. Shakespeare tomó prestados de esta traducción la acción, los personajes y la trama.
·····Roma se enfrenta aún a las tribus vecinas, mientras en la ciudad los pobres se rebelan contra los ricos. Plutarco lo describe de la siguiente manera:
·····Este primer capítulo de la leyenda romana sobre Coriolano contiene una moraleja republicana. El líder que desprecia al pueblo termina traicionando a la patria y pasándose al enemigo. Un general ambicioso que pretende hacerse con un poder dictatorial supone una amenaza mortal para la república. El pueblo tenía razón cuando lo envió al destierro. Pero ahora viene la segunda parte de la historia. Coriolano llega a las puertas de Roma al frente de los volscos. La ciudad no está preparada militarmente, se encuentra indefensa y condenada a la destrucción. Los plebeyos y los patricios se acusan unos a otros de haber enviado al destierro a Coriolano. Intentan obtener su perdón. En vano. Mendigan su piedad. Sin éxito. Entonces los romanos envían a su esposa y a su madre para que se entrevisten con él. Coriolano se retira de las puertas de Roma. Accede a firmar la paz y aleja el ejército enemigo de la ciudad.
·····Hay dos finales de esta historia. El primero, sugerido por Tito Livio, es sentimental y bucólico. Los agradecidos romanos construyen un templo en honor de la madre y la esposa de Coriolano, que regresa a la Tierra de los volscos; junto a ellos disfrutará de una larga vida y morirá en paz. El otro final es mucho más dramático. Coriolano no sabe que, al retirarse de las puertas de Roma, ha dictado su propia condena a muerte. Ha cometido traición por segunda vez al romper su pacto con los volscos, que le castigan con la muerte.
·····Este segundo final es el que nos propone Plutarco. Sin embargo, el autor de las Vidas de los nobles griegos y romanos no es consciente de que la historia de Coriolano contiene dos moralejas que son totalmente contradictorias. La moraleja del segundo capítulo es realmente muy amarga. La ciudad que destierra a su líder se vuelve indefensa. El pueblo sólo sabe odiar y maldecir, pero es incapaz de defender la ciudad. Las masas son un elemento ciego y destructor, como el fuego y las inundaciones. Coriolano era un gran hombre, que destacaba entre la multitud anónima e informe. La patria se mostró ingrata con él. En ella no había sitio para este hombre nacido para gobernar. La historia está llena de trampas, es cruel. Los grandes hombres mueren, los insignificantes sobreviven."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, págs. 241-244.
·····Roma se enfrenta aún a las tribus vecinas, mientras en la ciudad los pobres se rebelan contra los ricos. Plutarco lo describe de la siguiente manera:
El Senado, al favorecer a los ricos y oponerse a los intereses de la plebe, que sufría la opresión de los usureros, sembró la semilla de la discordia. Mermaban con impuestos las modestas pertenencias de quienes aún tenían algo, y quienes no tenían nada eran convertidos en esclavos. [....] El Senado parecía haber olvidado sus promesas. Los caballeros con deudas acababan en prisión, donde permanecían a merced de los usureros. Éstos fueron los motivos de los disturbios y las rebeliones.·····Las guerras han enriquecido a los patricios, que se han apoderado de más tierras y esclavos. Pero necesitan a la plebe para sus guerras. Los plebeyos han conseguido el derecho a elegir a sus tribunos y a participar en el gobierno. El más valeroso de los romanos se llama Cayo Marcio y proviene de una vieja familia patricia. Después de haber conquistado la ciudad de Corioles, que estaba en manos de la tribu montañesa de los volscos, se ha ganado el sobrenombre de Coriolano. Ha prestado servicios meritorios a Roma. Es un gran general y su cuerpo tiene veintisiete cicatrices, veintisiete heridas de guerra. Los patricios proponen a Coriolano para el cargo de cónsul. El pueblo tiene que aprobar el nombramiento. El patricio Coriolano y el pueblo se detestan mutuamente. En Roma reina la hambruna. Coriolano se niega a que se distribuya trigo entre la población: exige que la plebe renuncia primero a su derecho a la elección de tribunos. El pueblo indignado se niega a aprobar el nombramiento de Coriolano como cónsul. Los tribunos le acusan de atentar contra los derechos de la república. Coriolano se enfrenta a un tribunal. El pueblo obliga a los patricios a desterrar a Coriolano de Roma. Coriolano sueña ahora con la venganza. Parlamenta con los volscos, sus antiguos enemigos, y les propone una expedición conjunta contra Roma. Ellos aceptan.
·····Este primer capítulo de la leyenda romana sobre Coriolano contiene una moraleja republicana. El líder que desprecia al pueblo termina traicionando a la patria y pasándose al enemigo. Un general ambicioso que pretende hacerse con un poder dictatorial supone una amenaza mortal para la república. El pueblo tenía razón cuando lo envió al destierro. Pero ahora viene la segunda parte de la historia. Coriolano llega a las puertas de Roma al frente de los volscos. La ciudad no está preparada militarmente, se encuentra indefensa y condenada a la destrucción. Los plebeyos y los patricios se acusan unos a otros de haber enviado al destierro a Coriolano. Intentan obtener su perdón. En vano. Mendigan su piedad. Sin éxito. Entonces los romanos envían a su esposa y a su madre para que se entrevisten con él. Coriolano se retira de las puertas de Roma. Accede a firmar la paz y aleja el ejército enemigo de la ciudad.
·····Hay dos finales de esta historia. El primero, sugerido por Tito Livio, es sentimental y bucólico. Los agradecidos romanos construyen un templo en honor de la madre y la esposa de Coriolano, que regresa a la Tierra de los volscos; junto a ellos disfrutará de una larga vida y morirá en paz. El otro final es mucho más dramático. Coriolano no sabe que, al retirarse de las puertas de Roma, ha dictado su propia condena a muerte. Ha cometido traición por segunda vez al romper su pacto con los volscos, que le castigan con la muerte.
·····Este segundo final es el que nos propone Plutarco. Sin embargo, el autor de las Vidas de los nobles griegos y romanos no es consciente de que la historia de Coriolano contiene dos moralejas que son totalmente contradictorias. La moraleja del segundo capítulo es realmente muy amarga. La ciudad que destierra a su líder se vuelve indefensa. El pueblo sólo sabe odiar y maldecir, pero es incapaz de defender la ciudad. Las masas son un elemento ciego y destructor, como el fuego y las inundaciones. Coriolano era un gran hombre, que destacaba entre la multitud anónima e informe. La patria se mostró ingrata con él. En ella no había sitio para este hombre nacido para gobernar. La historia está llena de trampas, es cruel. Los grandes hombres mueren, los insignificantes sobreviven."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, págs. 241-244.
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jueves, 17 de junio de 2010
"Si podemos considerar como punto de partida de esa obra una acerba contienda entre dos familias muy conocidas por Southampton, también tendremos motivos para pensar que lo que llevó al nacimiento de El Mercader de Venecia fue un encono más público en el que se vio implicado el mismo Southampton, aunque sólo de manera indirecta. En la primavera de 1594, el conde de Essex, que en opinión de Southampton no podía equivocarse, acusó formalmente a un tal doctor Roderigo López, judío portugués y médico de la corte, de haber conspirado con algunos agentes españoles para envenenar a la reina. Tras aquella acusación se ocultaba un historial de hostilidad y encono de naturaleza puramente personal. López tenía buenos contactos en Portugal; Portugal era vecino de España; y Walsingham, como jefe del servicio secreto, había encontrado en López un agente muy fiable para centrar la información que iba y venía de los espías ingleses en la Península Ibérica. Tras la muerte de Walsingham en 1590, Essex siguió aceptando los servicios de López. Essex consideró un recurso útil para congraciarse con la reina aquella posibilidad de suministrarle a modo de presente personal algún que otro retazo de información llegada de España a través de Portugal. Pero López, más leal a la reina que a Essex, informaba antes a aquélla que a éste. Cuando Essex se acercaba radiante al trono con noticias recientes de la Península Ibérica, la reina podía decirle que ya lo sabía. Essex odiaba a López por su doble juego y resolvió vengarse.
·····Encontró una oportunidad cuando un hombre llamado Tinoco confesó que él y otro individuo de apellido Ferrara habían sido enviados a Inglaterra para convencer a López de que trabajase en favor de la cuasa española, y que éste había aceptado del rey de España una valiosa joya en prenda de buena voluntad. López fue detenido e interrogado, pero después de una búsqueda exhaustiva en todos sus papeles privados, no se pudo encontrar nada incriminatorio. La reina, entonces, acusó a Essex de intención dolosa y le retiró su favor. Essex se enfureció y dedicó el invierno de 1593-94 a montar contra López una acusación tan verosímil que hiciera intervenir al fiscal general. López fue acusado formalmente en el Guildhall a finales de febrero de 1594, y el jurado, impulsado tanto por un prejuicio antisemita como por pruebas reales, le declaró culpable de conspirar contra la vida de la reina. López, y con él Tinoco y Ferrara, fueron sentenciados a morir en la horca y a ser descuartizados en Tyburn. Hubo algún retraso en la ejecución de la sentencia -la reina seguía abrigando dudas sobre la culpabilidad de su 'monito', como llamaba a López- y el gran entretenimiento público de la triple carnicería no se ofreció hasta junio.
·····Podemos imaginar la euforia infantil de Southampton por la victoria de Essex sobre su reina y su enemigo -una euforia que a Shakespeare le resultaría de muy mal gusto. La motivación tras todo aquel asunto nauseabundo no era tanto la devoción de la soberana cuanto un afán personal de venganza. La crueldad de la ejecución quedó recalcada por la carcajada general que estalló cuando López, con la soga al cuello y mientras el cuchillo del verdugo rielaba al sol, juró que amaba a la reina tanto como a Jesucristo, una declaración ambigua en boca de un judío. Essex y los suyos debieron de hallarse allí para presenciar la carnicería de aquel hermoso día de junío entre los abucheos y las risas de los ciudadanos que llevaban sobre sus hombros a niños que comían frutas escarchadas -un buen día de esparcimiento al aire libre, con espectáculo gratis-. Pensamos que Shakespeare no estuvo presente. Pero no dejó de explotar el resentimiento general contra los judíos escribiendo una obra en la que el villano es uno de ellos, pero no como traidor, sino como usurero."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, págs. 114-116.
·····Encontró una oportunidad cuando un hombre llamado Tinoco confesó que él y otro individuo de apellido Ferrara habían sido enviados a Inglaterra para convencer a López de que trabajase en favor de la cuasa española, y que éste había aceptado del rey de España una valiosa joya en prenda de buena voluntad. López fue detenido e interrogado, pero después de una búsqueda exhaustiva en todos sus papeles privados, no se pudo encontrar nada incriminatorio. La reina, entonces, acusó a Essex de intención dolosa y le retiró su favor. Essex se enfureció y dedicó el invierno de 1593-94 a montar contra López una acusación tan verosímil que hiciera intervenir al fiscal general. López fue acusado formalmente en el Guildhall a finales de febrero de 1594, y el jurado, impulsado tanto por un prejuicio antisemita como por pruebas reales, le declaró culpable de conspirar contra la vida de la reina. López, y con él Tinoco y Ferrara, fueron sentenciados a morir en la horca y a ser descuartizados en Tyburn. Hubo algún retraso en la ejecución de la sentencia -la reina seguía abrigando dudas sobre la culpabilidad de su 'monito', como llamaba a López- y el gran entretenimiento público de la triple carnicería no se ofreció hasta junio.
·····Podemos imaginar la euforia infantil de Southampton por la victoria de Essex sobre su reina y su enemigo -una euforia que a Shakespeare le resultaría de muy mal gusto. La motivación tras todo aquel asunto nauseabundo no era tanto la devoción de la soberana cuanto un afán personal de venganza. La crueldad de la ejecución quedó recalcada por la carcajada general que estalló cuando López, con la soga al cuello y mientras el cuchillo del verdugo rielaba al sol, juró que amaba a la reina tanto como a Jesucristo, una declaración ambigua en boca de un judío. Essex y los suyos debieron de hallarse allí para presenciar la carnicería de aquel hermoso día de junío entre los abucheos y las risas de los ciudadanos que llevaban sobre sus hombros a niños que comían frutas escarchadas -un buen día de esparcimiento al aire libre, con espectáculo gratis-. Pensamos que Shakespeare no estuvo presente. Pero no dejó de explotar el resentimiento general contra los judíos escribiendo una obra en la que el villano es uno de ellos, pero no como traidor, sino como usurero."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, págs. 114-116.
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"Hubo muchas cosas de la vida de Shakespeare entre la aristocracia que se volcaron en sus obras, y no todo fueron donaires, caballos, perros, sedas finas y trinchantes de oro. Pensemos, por ejemplo, en la sórdida disputa entre los amigos y los vecinos de Southampton. Sus amigos eran los hermanos Danvers -sir Charles y sir Henry-, hijos de sir John Danvers, magnate rural y juez de paz. Los vecinos, sir Walter Long y su hermano Henry, cuya propiedad se hallaba contigua a la de Southampton en las proximidades de Titchfiled. Ambas familias habían estado enfrentadas largo tiempo con una enemistad que hundía sus raíces, tal vez, en la Guerra de las Rosas, pero en 1594 se inició una fase especialmente repugnante cuando sir John Denvers, desde su silla de juez, encarceló por robo a uno de los criados de sir Walter Long. Sir Walter rescató al criado de la justicia y sir John, tras presentar la oportuna queja al juez en la siguiente sesión del tribunal, consiguió que se encerrara a sir Walter en la prisión de Fleet. Luego, para aplicar la lección en casa, mandó a la cárcel a otro de los criados de sir Walter acusándolo de asesinato. Cuando sir Walter salió de la cárcel, él y su hermano provocaron varias grescas entre sus seguidores y los de sir John, resultando muerto uno de los criados, y otro gravemente herido.
·····Pero el verdadero objeto de los Long era la familia Danvers, y Henry escribió cartas insultantes a sir Charles llamándolo mentiroso, necio, cachorro y simple mozo, y prometiendo azotarlo con una vara el trasero desnudo. Sir Charles se enfadó seriamente. Acompañado de su hermano y algunos de sus hombres, entró en una posada de Cosham donde se hallaban cenando Henry y sir Walter con algunos amigos de alto rango y golpeó dos veces a aquél con un garrote. Henry desenvainó la espada e hirió a sir Charles. Sir Henry Danver sacó la pistola y disparó contra su enemigo homónimo, que cayó herido y murió poco después. Los hermanos Danvers escaparon y se refugiaron en casa del conde de Southampton quien, a pesar de las órdenes de detención expedidas, les organizó la huida a Francia.
·····Shakespeare se habría percatado de las posibilidades dramáticas de aquellos hechos, pero sólo si se utilizaban con la suficiente distancia, como algo antiguo y exótico. Nunca le satisfizo la demostración directa de situaciones contemporáneas -eso era un asunto propio de la nueva escuela satírica-, y sus referencias resultan tanto más certeras cuando surgen repentinamente de un pasado imaginario. El conflicto de los Danvers y los Long le inspiró la presentación de una 'antigua rencilla' entre dos familias de Verona y la ironía de que un joven de una de ellas se enamorara de una muchacha de la otra. La historia era vieja y muy conocida. Se había representado por última vez dos años antes del nacimiento de Shakespeare en una obra en verso inglés compuesta por un poetastro llamado Arthur Brooke. Movido por la impresión del caso entre los Danvers y los Long, Shakespeare probó entonces un nuevo tipo de tragedia -italianizante, pero no senequista- en la que el intenso colorido del lenguaje superaba al de la sangre derramada."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, págs. 112-113.
·····Pero el verdadero objeto de los Long era la familia Danvers, y Henry escribió cartas insultantes a sir Charles llamándolo mentiroso, necio, cachorro y simple mozo, y prometiendo azotarlo con una vara el trasero desnudo. Sir Charles se enfadó seriamente. Acompañado de su hermano y algunos de sus hombres, entró en una posada de Cosham donde se hallaban cenando Henry y sir Walter con algunos amigos de alto rango y golpeó dos veces a aquél con un garrote. Henry desenvainó la espada e hirió a sir Charles. Sir Henry Danver sacó la pistola y disparó contra su enemigo homónimo, que cayó herido y murió poco después. Los hermanos Danvers escaparon y se refugiaron en casa del conde de Southampton quien, a pesar de las órdenes de detención expedidas, les organizó la huida a Francia.
·····Shakespeare se habría percatado de las posibilidades dramáticas de aquellos hechos, pero sólo si se utilizaban con la suficiente distancia, como algo antiguo y exótico. Nunca le satisfizo la demostración directa de situaciones contemporáneas -eso era un asunto propio de la nueva escuela satírica-, y sus referencias resultan tanto más certeras cuando surgen repentinamente de un pasado imaginario. El conflicto de los Danvers y los Long le inspiró la presentación de una 'antigua rencilla' entre dos familias de Verona y la ironía de que un joven de una de ellas se enamorara de una muchacha de la otra. La historia era vieja y muy conocida. Se había representado por última vez dos años antes del nacimiento de Shakespeare en una obra en verso inglés compuesta por un poetastro llamado Arthur Brooke. Movido por la impresión del caso entre los Danvers y los Long, Shakespeare probó entonces un nuevo tipo de tragedia -italianizante, pero no senequista- en la que el intenso colorido del lenguaje superaba al de la sangre derramada."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, págs. 112-113.
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viernes, 11 de junio de 2010
"Si vemos en el Stradford de la época tudor un lugar gris y desabrido donde los únicos acontecimientos los proporcionaban los bautizos, las bodas y los funerales, las citaciones ante el juez por dejar montones de estiércol fuera de las casas (algo que le había ocurrido en una ocasión a John Shakespeare), los largos sermones, las personas sorprendidas en adulterio, la inasistencia a la iglesia (de nuevo John Shakespeare), la persecución de brujas, la tortura de animales, las partidas de caza de la nobleza rural, los rudos y cruentos juegos de balón, las habladurías sobre apariciones de espíritus y hadas, de Puck o Robin Goodfellow ('Buen tipo', un apodo apotropaico para demostrar cuánto se le temía), las ferias, las visitas de recitadores itinerantes de romances, las ceremonias de las distintas estaciones, los mugidos de las vacas parturientas, la matanza de ternero sin destetar, el degollamiento del cerdo, las moscas en verano, la congelación de las bombas de agua en invierno, la peste la disentería, las malas cosechas, la fornicación, Jack-in-the-Green ('el hombre del bosque'), las borracheras, las amenazas de condena por parte de fanáticos religiosos, el juego de bolos, la caza furtiva, las palizas de los jóvenes a los viejos, la fiesta del final de la cosecha, las tareas de retejado, los incendios que arrasaban las estructuras de madera seca, el deterioro de los caminos tras las lluvias, los árboles caídos tras las tormentas, las bromas pesadas, los dolores de muelas y el escorbuto provocado por una mala dieta invernal, no andaremos muy descaminados. Pero aún había más.
·····Por ejemplo, las visitas de los actores y las actuaciones en el ayuntamiento por el municipio -los Hombres del Conde de Worcester en 1569, 1575, 1576, 1581 y 1584; los Hombres de la Reina en 1569 y 1587 [...]; los de Leicester en 1573, 1576 y 1587; los de Warwick en 1575; los de Strange (bajo el nombre de Derby) en 1579; los de Berkeley en 1581, 1582 y 1583; ¿es necesario continuar? O los cantos y los bailes. O el Lord of Misrule, el personaje navideño del desenfreno, el culto a Robin Hood (un espíritu de los bosques, como el del Amloth original convertido en Hamlet), así como la celebración de las mayas, tan condenadas por puritanos [...]
·····Lo que ha llegado hasta nosotros como una bagatela infantil de anémica belleza [los árboles de mayo] era entonces [...] una glorificación pagana de carácter fálico, con mucha formicación a la intemperie. En Stradford, como en otras ciudades y pueblos de la época tudor, era frecuente la lujuria, que no constituía del todo una práctica secreta sino que era exaltada periódicamente como un aspecto de la totalidad del proceso de la vida -la crianza de los animales, el florecimiento de la tierra- en que participaba con tanta exacerbación una sociedad agraria. En aquellos tiempos, muchachos y muchachas perdían pronto la virginidad y no podemos pensar que Will fuera una excepción."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, págs. 43-44.
·····Por ejemplo, las visitas de los actores y las actuaciones en el ayuntamiento por el municipio -los Hombres del Conde de Worcester en 1569, 1575, 1576, 1581 y 1584; los Hombres de la Reina en 1569 y 1587 [...]; los de Leicester en 1573, 1576 y 1587; los de Warwick en 1575; los de Strange (bajo el nombre de Derby) en 1579; los de Berkeley en 1581, 1582 y 1583; ¿es necesario continuar? O los cantos y los bailes. O el Lord of Misrule, el personaje navideño del desenfreno, el culto a Robin Hood (un espíritu de los bosques, como el del Amloth original convertido en Hamlet), así como la celebración de las mayas, tan condenadas por puritanos [...]
·····Lo que ha llegado hasta nosotros como una bagatela infantil de anémica belleza [los árboles de mayo] era entonces [...] una glorificación pagana de carácter fálico, con mucha formicación a la intemperie. En Stradford, como en otras ciudades y pueblos de la época tudor, era frecuente la lujuria, que no constituía del todo una práctica secreta sino que era exaltada periódicamente como un aspecto de la totalidad del proceso de la vida -la crianza de los animales, el florecimiento de la tierra- en que participaba con tanta exacerbación una sociedad agraria. En aquellos tiempos, muchachos y muchachas perdían pronto la virginidad y no podemos pensar que Will fuera una excepción."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, págs. 43-44.
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jueves, 10 de junio de 2010
"Hay quien piensa que la erudición exhibida en las obras de Shakespeare es incompatible con la escueta pitanza de clasicismo proporcionada por una escuela rural de gramática. En el siglo XIX surgió la herejía baconiana, según la cual sólo una persona sumamente erudita, con formación universitaria, experta en leyes y ciencias y cuyos ojos y oídos estuvieran adoctrinados por el 'Grand Tour' -la gira de los estudiantes ingleses por Europa-, pudo haber escrito las obras atribuidas tradicionalmente a un actor salido de las cuadras o las pocilgas del condado de Warwick
[...]
La cosa se reduce a lo siguiente: "Shakespeare no habría podido llegar a ser un supremo hombre de letras, sino se se benefició de nada mejor que una educación gratuita en una escuela de gramática. Y parece evidente que eso fue cuanto tuvo. Se casó antes de haber cumplido veinte años; y además, ¿de dónde iba a sacar el dinero? Sin embargo, es una necedad suponer que el gran arte requiere una educación superior. Cualquier campesino puede aprender a escribir -y escribir bien- por su cuenta. Cualquier escritor campesino puede dar la sensación de poseer un gran conocimiento del mundo si lee los libros adecuados y se mantiene alerta. Gracias a los trucos del artista, las obras de Shakespeare producen la ilusión de que su creador había realizado lagos viajes, había practicado todas las profesiones eruditas y había doblado su flexible rodilla en las cortes de su país y el extranjero. Esa superficie brillante sugiere una erudición y una experiencia que no tenían por qué darse necesariamente: el artista no ha de ser cortesano, viajero o académico, aunque su tarea consista, quizá, en crear esa clase de personas sacándolas de su imaginación.
[...]
El Autólico de Cuento de invierno es 'un cazador de menudencias triviales'; también lo es Shakespeare y, en realidad, cualquier escritor de obras de teatro o relatos de ficción. El escritor necesita una pizca de terminología psicoanalítica, no le hace falta haber leído todo Freud. Le basta con tomar algunos términos de un glosario editado en rústica o de algún entendido con quien se haya encontrado en un autobús. Si necesita saber algo sobre Madagascar o Cipango, se lo preguntará a un marinero que haya estado allí. Se puede conocer al autor de obras de ficción por su biblioteca, cuyos contenidos no halagarán nuestra vista ni dejarán en buen lugar la capacidad de su dueño como lector sistemático. En vez de falanges de encuadernaciones ricas y uniformes veremos en ella viejas guías de carreras de caballos, almanaques astrológicos sobados, publicaciones cómicas, diccionarios de segunda mano, libros de historia carentes de erudición y cuadernos repletos de datos curiosos espigados en maternidades o en talleres de taxidermistas. Podemos estar seguros de que cuando Shakespeare se hizo con una biblioteca, si es que lo logró, no fue como la de Bacon."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006. págs. 33-34
[...]
La cosa se reduce a lo siguiente: "Shakespeare no habría podido llegar a ser un supremo hombre de letras, sino se se benefició de nada mejor que una educación gratuita en una escuela de gramática. Y parece evidente que eso fue cuanto tuvo. Se casó antes de haber cumplido veinte años; y además, ¿de dónde iba a sacar el dinero? Sin embargo, es una necedad suponer que el gran arte requiere una educación superior. Cualquier campesino puede aprender a escribir -y escribir bien- por su cuenta. Cualquier escritor campesino puede dar la sensación de poseer un gran conocimiento del mundo si lee los libros adecuados y se mantiene alerta. Gracias a los trucos del artista, las obras de Shakespeare producen la ilusión de que su creador había realizado lagos viajes, había practicado todas las profesiones eruditas y había doblado su flexible rodilla en las cortes de su país y el extranjero. Esa superficie brillante sugiere una erudición y una experiencia que no tenían por qué darse necesariamente: el artista no ha de ser cortesano, viajero o académico, aunque su tarea consista, quizá, en crear esa clase de personas sacándolas de su imaginación.
[...]
El Autólico de Cuento de invierno es 'un cazador de menudencias triviales'; también lo es Shakespeare y, en realidad, cualquier escritor de obras de teatro o relatos de ficción. El escritor necesita una pizca de terminología psicoanalítica, no le hace falta haber leído todo Freud. Le basta con tomar algunos términos de un glosario editado en rústica o de algún entendido con quien se haya encontrado en un autobús. Si necesita saber algo sobre Madagascar o Cipango, se lo preguntará a un marinero que haya estado allí. Se puede conocer al autor de obras de ficción por su biblioteca, cuyos contenidos no halagarán nuestra vista ni dejarán en buen lugar la capacidad de su dueño como lector sistemático. En vez de falanges de encuadernaciones ricas y uniformes veremos en ella viejas guías de carreras de caballos, almanaques astrológicos sobados, publicaciones cómicas, diccionarios de segunda mano, libros de historia carentes de erudición y cuadernos repletos de datos curiosos espigados en maternidades o en talleres de taxidermistas. Podemos estar seguros de que cuando Shakespeare se hizo con una biblioteca, si es que lo logró, no fue como la de Bacon."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006. págs. 33-34
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