"Ciertos temas son comunes a las últimas obras en conjunto [...].
·····Una de las características es la llamada 'doble trama'. A diferencia de las anteriores comedias románticas de Shakespeare, en las cuales las figuras centrales son amantes, hombre y mujeres jóvenes en edad de casarse, los romances de las últimas obras se refieren a familias, a dos generaciones de la misma familia. Y existen dos tramas, una relacionada con la gente de edad y otra con los jóvenes. Suele representarse a la generación menor por una hija y su amado: Marina en Pericles, Perdita en Cuento de invierno, Miranda en La tempestad, Imógena en Cimbelino. Sólo en esta última la familia de la generación joven es mayor, pues incluye no sólo a Imógena y su esposo, sino también a dos hermanos de la mujer. La acción ocurre a lo largo de un extenso periodo para permitir el crecimiento de los niños. Con el reconocimiento de los niños perdidos mucho tiempo atrás se llega a un final feliz. Las desventuras del ayer quedan curadas gracias a los actos de la generación joven, que trae esperanzas para el futuro. El tema de la reconciliación es fundamental en las últimas obras: se alivian antiguas querellas y heridas, y gracias a la generación joven hay esperanzas de un futuro mejor. Las obras tienen un profundo significado filosófico, una sensación mágica de interacción entre el hombre y la naturaleza. Esa atmósfera mágica es asimismo una atmósfera intensamente religiosa, que produce 'teofanías' o nuevas revelaciones de lo divino. En punto de sumo significado emotivo aparece el tema de la música, que representa la restauración de la armonía."
Frances A. Yates: Las últimas obras de Shakespeare: una nueva interpretación. Fondo de Cultura Económica, México, D. F., 2001, págs. 25-26.
[Nota: En el libro, la autora se propone relacionar la doble generación con la del Rey Jacobo I y sus hijos, que al parecer supusieron durante un tiempo una notable esperanza de restauración del esplendor isabelino. Es posible que sea cierto, aunque tampoco es desdeñable el hecho mismo de que Shakespeare se había hecho mayor y sus hijas habían crecido. Miranda y Próspero y demás padres e hijas podrían ser, perfectamente, un reflejo de esta situación.]
Shakespeare es inagotable, no necesita justificación. Siempre he tenido ganas de tener un lugar donde anotar diversos aspectos sobre su tiempo, su biografía, su obra, lo que le ha seguido, bueno y malo. El estímulo inicial son las espléndidas palabras que el Marqués de Bradomín y Rubén Darío le dedican en "Luces de Bohemia", de Ramón María del Valle-Inclán. No me he podido resistir a compartirlas.
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miércoles, 11 de agosto de 2010
"[...] es posible que Shakespeare escribiera sus últimas obras entre 1608, poco más o menos (si es la fecha de composición correcta de Pericles, sobre lo cual no hay certeza) y principios de 1613; es decir, tras las grandes tragedias pero aún en los primeros años del reinado de Jacobo I.
·····Desde el punto de vista del montaje escénico y la interpretación, las últimas obras han despertado mucho interés en años recientes. Al ser contemporáneas de las mascaradas cortesanas ideadas por Inigo Jones, se ha señalado que las últimas tienen ese matiz de mascarada y que tal vez utilizaran efectos escénicos más complicados que los que solían verse en el Globo. Se ha subrayado que King's Men, la compañía de Shakespeare, adquirió en 1608 el teatro Blackfriars, que daba mayor margen para un nuevo tipo de montaje. Las afirmaciones de que ese aire de mascarada en algunas de las últimas obras significa que Shakespeare las diseñó para el Blackfriars, para un tipo de teatro diferente al Globo, pierden fuerza ante el hecho de que Simon Forman vio Cuento de invierno y probablemente Cimbelino, dos de las obras que más se acercan a una mascarada, en el Globe. Por tanto, no debe abusarse de esa idea sobre el Blackfriars. No obstante, por su atmósfera, por su tono romántico y visionario, las últimas obras rayan indudablemente en la mascarada."
Frances A. Yates: Las últimas obras de Shakespeare: una nueva interpretación. Fondo de Cultura Económica, México, D. F., 2001, págs. 24-24.
·····Desde el punto de vista del montaje escénico y la interpretación, las últimas obras han despertado mucho interés en años recientes. Al ser contemporáneas de las mascaradas cortesanas ideadas por Inigo Jones, se ha señalado que las últimas tienen ese matiz de mascarada y que tal vez utilizaran efectos escénicos más complicados que los que solían verse en el Globo. Se ha subrayado que King's Men, la compañía de Shakespeare, adquirió en 1608 el teatro Blackfriars, que daba mayor margen para un nuevo tipo de montaje. Las afirmaciones de que ese aire de mascarada en algunas de las últimas obras significa que Shakespeare las diseñó para el Blackfriars, para un tipo de teatro diferente al Globo, pierden fuerza ante el hecho de que Simon Forman vio Cuento de invierno y probablemente Cimbelino, dos de las obras que más se acercan a una mascarada, en el Globe. Por tanto, no debe abusarse de esa idea sobre el Blackfriars. No obstante, por su atmósfera, por su tono romántico y visionario, las últimas obras rayan indudablemente en la mascarada."
Frances A. Yates: Las últimas obras de Shakespeare: una nueva interpretación. Fondo de Cultura Económica, México, D. F., 2001, págs. 24-24.
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domingo, 27 de junio de 2010
"En Navidad de 1606, la corte recibió como obsequio El rey Lear. Resulta difícil considerar la pieza un entretenimiento festivo, y uno se pregunta qué pensó de ella la reina Ana, tan amiga del disfrute. O, por ejemplo, el propio rey Jacobo, aunque debió de parecerle que la enloquecida fantasía de Shakespeare sobre la ingratitud suscitaba ecos en su interior. El tema del respeto a un soberano por derecho divino se proclama ya en la primera escena en voz suficientemente alta, pero Lear se parece demasiado a Jacobo en desear la adulación empalagosa más que la verdad lisa y llana; el rechazo de la honradez es el origen de su tragedia."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, pág. 192.
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, pág. 192.
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"El componente sobrenatural en Macbeth ofreció a Shakespeare la oportunidad de introducir una pantomima mágica que mostrara que el rey Jacobo descendía del linaje de Banquo. Y, ya que estaba hablando de maravillas y milagros, añadió -en un punto en que no contribuía para nada a la acción- una breve cadencia sobre el poder del monarca para curar la escrófula:
·
····························Sólo él sabe cómo le inspira el cielo;
····························a enfermos con males pasmosos,
····························hinchados, llagados, de angustioso aspecto,
····························desesperación de la medicina, los cura
····························colgándoles del cuello una medalla de oro
····························que les pone rezando. Se dice
····························que legará su virtud curativa
····························al linaje real que le suceda.
······································································(Macbeth, Acto IV, escena III)
·
·····Ahora bien, un dato conocido probablemente por Shakespeare, gentilhombre de la cámara real, era que el monarca no creía en su poder para curar el mal del rey. Según Jacobo se trataba de una superstición romana, pero su aversión al supuesto milagro se debería, probablemente, a su repugnancia a tocar las úlceras abiertas de la gente corriente. En algunos casos, sin embargo, aparentó creer en su don sanador para no herir susceptibilidades. ¿Qué pretendía Shakespeare con todo esto? ¿Intentar que su rey se sintiese incómodo por aquella simulación? ¿Decirle que se lo tomara en serio? ¿Utilizar cualquier recurso disponible para un interludio convencional de adulación?"
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, págs. 188-189.
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····························Sólo él sabe cómo le inspira el cielo;
····························a enfermos con males pasmosos,
····························hinchados, llagados, de angustioso aspecto,
····························desesperación de la medicina, los cura
····························colgándoles del cuello una medalla de oro
····························que les pone rezando. Se dice
····························que legará su virtud curativa
····························al linaje real que le suceda.
······································································(Macbeth, Acto IV, escena III)
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·····Ahora bien, un dato conocido probablemente por Shakespeare, gentilhombre de la cámara real, era que el monarca no creía en su poder para curar el mal del rey. Según Jacobo se trataba de una superstición romana, pero su aversión al supuesto milagro se debería, probablemente, a su repugnancia a tocar las úlceras abiertas de la gente corriente. En algunos casos, sin embargo, aparentó creer en su don sanador para no herir susceptibilidades. ¿Qué pretendía Shakespeare con todo esto? ¿Intentar que su rey se sintiese incómodo por aquella simulación? ¿Decirle que se lo tomara en serio? ¿Utilizar cualquier recurso disponible para un interludio convencional de adulación?"
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, págs. 188-189.
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