"Titania se recuesta en un prado, entre rosales salvajes, enredaderas, violetas y margaritas pero la nana que le canturrean sus acompañantes suena más bien terrorífica. Además de las sierpes de lengua bífida, de los erizos, luciones y murciélagos, se mencionan arañas, escarabajos y babosas. Una nana así no presagia sueños demasiado argadables. El bestiario de El sueño... no es casual. La piel disecada de una serpiente, los polvos de arana y los cartílagos de murciélago figuran en cualquier recetario medieval o renacentista como remedios contra la impotencia masculina y las enfremedades propias de la mujer. Todas estas criaturas son pegajosas, babosas y peludas, desagradables al tacto y, a menudo, provocan repugnancia. Los manuales de psicoanálisis asocian este tipo de asco con la neurosis sexual. Los animales de la nana que las hadas canturrean a Titania -todas esas sierpes, babosas, murciélagos y arañas- forman parte también del bestiario predilecto de la onirománcia freudiana."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, pág. 297.
Shakespeare es inagotable, no necesita justificación. Siempre he tenido ganas de tener un lugar donde anotar diversos aspectos sobre su tiempo, su biografía, su obra, lo que le ha seguido, bueno y malo. El estímulo inicial son las espléndidas palabras que el Marqués de Bradomín y Rubén Darío le dedican en "Luces de Bohemia", de Ramón María del Valle-Inclán. No me he podido resistir a compartirlas.
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martes, 20 de julio de 2010
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Sueño de una noche de verano
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