"En el teatro isabelino los hombres representaban los papeles femeninos. Era una limitación, como bien saben los historiadores del teatro. En la obra de Shakespeare los papeles femeninos son mucho más breves que los masculinos. Shakespeare conocía las limitaciones interpretativas de los actores jóvenes. Podrían interpretar el papel de una muchacha, y con dificultad también el de una mujer vieja. Pero ¿cómo podía un actor joven interpretar a una mujer madura? Por eso, en todas las obras de Shakespeare, más aún, en todo el teatro de la época isabelina, escasean los papeles de mujeres maduras. En el caso de los personajes de lady Macbeth y Cleopatra, ambas sexualmente maduras, sus papeles fueron abreviados y adaptados a las posibilidades interpretativas de los actores jóvenes. Lo saben muy bien todas las actrices que alguna vez han interpretado a Cleopatra o a lady Macbeth. Ambos papeles carecen de sustancia, como si alguien les hubiera arrancado páginas enteras, están llenos de lagunas. Shakespeare tenía miedo a mostrar a Cleopatra en escenas de amor, así que prefería que alguien relatara su vida amorosa. Nos habla de sus encantos físicos pero no los muestra. Los problemas sexuales que tiene Macbeth con su mujer no se aclaran del todo; o su lecho conyugal era tierra quemada o bien en aquel matrimonio la mujer desempeñaba el papel masculino.
·····Sin embargo, Shakespeare utilizó, al menos en dos ocasiones, esta limitación como tema e instrumento teatral de la comedia. Noche de reyes y Como gustéis se escribieron pensando en el hecho de que los papeles femeninos iban a ser interpretados por jóvenes actores. El juego de disfraces es aquí doble, como si se desarrollara en dos niveles superpuestos: un chico se disfraza de otro chico, que es, a su vez, una chica disfrazada."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, pág. 336.
Shakespeare es inagotable, no necesita justificación. Siempre he tenido ganas de tener un lugar donde anotar diversos aspectos sobre su tiempo, su biografía, su obra, lo que le ha seguido, bueno y malo. El estímulo inicial son las espléndidas palabras que el Marqués de Bradomín y Rubén Darío le dedican en "Luces de Bohemia", de Ramón María del Valle-Inclán. No me he podido resistir a compartirlas.
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miércoles, 21 de julio de 2010
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martes, 6 de julio de 2010
[En medio de un contexto elogioso sobre su penetrante mirada psicológica, Kott escribe:]
"Según sostienen algunos comentaristas sabios es probable que Shakespeare nunca viese el mar, ni siquiera estuvo en un campo de batalla. No sabía nada de geografía. Pensaba que Bohemia estaba a orillas del mar. Proteus sube a un barco para viajar desde Verona a Milán, y aún peor, espera allí a que suba la marea. También Florencia es para Shakespeare una ciudad portuaria. Shakespeare tampoco sabía historia. En sus obras Ulises cita a Aristóteles y Timón de Atenas hace referencias a Séneca y a Galeno. Shakespeare tampoco sabía filosofía, ni arte militar, y mezclaba las costumbres de diferentes épocas. En Julio César hay un reloj que marca las horas, y una sirvienta ayuda a Cleopatra a abrocharse un corsé. Los cañones disparan pólvora en la época del rey Juan sin Tierra. Shakespeare no vio nunca el mar ni presencio batallas, tampoco subió montañas; no sabía historia, ni geografía, ni filosofía."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, págs. 65-66.
"Según sostienen algunos comentaristas sabios es probable que Shakespeare nunca viese el mar, ni siquiera estuvo en un campo de batalla. No sabía nada de geografía. Pensaba que Bohemia estaba a orillas del mar. Proteus sube a un barco para viajar desde Verona a Milán, y aún peor, espera allí a que suba la marea. También Florencia es para Shakespeare una ciudad portuaria. Shakespeare tampoco sabía historia. En sus obras Ulises cita a Aristóteles y Timón de Atenas hace referencias a Séneca y a Galeno. Shakespeare tampoco sabía filosofía, ni arte militar, y mezclaba las costumbres de diferentes épocas. En Julio César hay un reloj que marca las horas, y una sirvienta ayuda a Cleopatra a abrocharse un corsé. Los cañones disparan pólvora en la época del rey Juan sin Tierra. Shakespeare no vio nunca el mar ni presencio batallas, tampoco subió montañas; no sabía historia, ni geografía, ni filosofía."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, págs. 65-66.
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