"Todos mis estudios han estado vinculados; cada esfuerzo me condujo inevitablemente hacia el siguiente. Supongo que la secuencia comenzó cuando por primera vez entre en la embajada francesa en Londres, en la época de Isabel I, y encontré allí a John Florio: An Italian in Shakespeare's England y al amigo de Florio, Giordano Bruno. De inmediato surgió el problema de la naturaleza que tenía la misión de Bruno en Inglaterra, y de por qué se alojaba en la embajada francesa. Florio me condujo a Shakespeare y a un intento prematura por resolver las alusiones a la actualidad en Trabajos de amor perdidos. La Academia Francesa, mencionada en esa obra, a la que asistían cortesanos pertenecientes a bandos opuestos de las guerras religiosas francesas, parecía exigir una explicación más profunda que la hasta entonces disponible. El libro resultante, The French Academies of the Sixteenth Century llevó las pesquisas hacia la enciclopedia del conocimiento según se entendía en la tradición neoplatónica del Renacimiento. Resultó que esas academias francesas se preocupaban de aportar las técnicas para expresar, bajo forma dramática y musical, en los festivales de la corte francesa de aquel entonces, esa perspectiva compleja y profunda. También les interesaba reunir a poetas y músicos de partidos religiosos opuestos para que cooperaran en la producción de una música que tuviera buenos 'efectos', como parte de los esfuerzos de tolerancia y conciliación intentados mediante festivales impulsados por Catalina de Médicis. Comenzaba a parecer que la Academia Francesa de Trabajos de amor perdidos, cuyos miembros tenían nombres tomados de bandos opuestos de las guerras religiosas francesas, al elaborar una mascarada y un baile misteriosos que concluían en una atmósfera de buena voluntad y caridad mutuas, pudiera estar haciendo un tipo de alusión actual de mayor significado en la obra que la cuestión menor de si Florio era o no el Holofernes original."
Frances A. Yates: Las últimas obras de Shakespeare: una nueva interpretación. Fondo de Cultura Económica, México, D. F., 2001, págs. 11-13.
Shakespeare es inagotable, no necesita justificación. Siempre he tenido ganas de tener un lugar donde anotar diversos aspectos sobre su tiempo, su biografía, su obra, lo que le ha seguido, bueno y malo. El estímulo inicial son las espléndidas palabras que el Marqués de Bradomín y Rubén Darío le dedican en "Luces de Bohemia", de Ramón María del Valle-Inclán. No me he podido resistir a compartirlas.
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martes, 10 de agosto de 2010
martes, 20 de julio de 2010
"El sueño de una noche de verano se representó por primera vez como una comedia de circunstancias, con un motivo 'casi privado': la celebración de una boda. Con casi completa seguridad, pues los argumentos que Rowse ofrece son muy convincentes, la circunstancia fue la boda de la ilustre madre del Earl of Southampton. Si fuera así, el joven conde tuvo que participar en los preparativos del espectáculo y seguramente él mismo actuó en la obra acompañado por su corte de admiradores. Todos sus amantes, hombres y mujeres, todos sus amigos y amigas llegaron para asistir a la boda de su madre, ese mismo magnífico círculo social en el que Shakespeare y Marlowe se habían logrado introducir unos años antes.
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Si Trabajos de amor perdidos, una comedia transparente sobre unos jóvenes que deciden arreglárselas sin mujeres, es considerada una obra en clave, y sin duda lo es, en tal caso, ¿cuántos más significados secretos, grandes y pequeños, se encuentran ocultos en El sueño...? Casi todos se conocían entre sí, los que estaban en escena o entre el público, así que cualquier alusión se cogía al vuelo."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, págs. 289-290.
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Si Trabajos de amor perdidos, una comedia transparente sobre unos jóvenes que deciden arreglárselas sin mujeres, es considerada una obra en clave, y sin duda lo es, en tal caso, ¿cuántos más significados secretos, grandes y pequeños, se encuentran ocultos en El sueño...? Casi todos se conocían entre sí, los que estaban en escena o entre el público, así que cualquier alusión se cogía al vuelo."
Jan Kott: Shakespeare, nuestro contemporáneo. Alba Editorial, Barcelona, 2009, págs. 289-290.
jueves, 17 de junio de 2010
"Si podemos considerar como punto de partida de esa obra una acerba contienda entre dos familias muy conocidas por Southampton, también tendremos motivos para pensar que lo que llevó al nacimiento de El Mercader de Venecia fue un encono más público en el que se vio implicado el mismo Southampton, aunque sólo de manera indirecta. En la primavera de 1594, el conde de Essex, que en opinión de Southampton no podía equivocarse, acusó formalmente a un tal doctor Roderigo López, judío portugués y médico de la corte, de haber conspirado con algunos agentes españoles para envenenar a la reina. Tras aquella acusación se ocultaba un historial de hostilidad y encono de naturaleza puramente personal. López tenía buenos contactos en Portugal; Portugal era vecino de España; y Walsingham, como jefe del servicio secreto, había encontrado en López un agente muy fiable para centrar la información que iba y venía de los espías ingleses en la Península Ibérica. Tras la muerte de Walsingham en 1590, Essex siguió aceptando los servicios de López. Essex consideró un recurso útil para congraciarse con la reina aquella posibilidad de suministrarle a modo de presente personal algún que otro retazo de información llegada de España a través de Portugal. Pero López, más leal a la reina que a Essex, informaba antes a aquélla que a éste. Cuando Essex se acercaba radiante al trono con noticias recientes de la Península Ibérica, la reina podía decirle que ya lo sabía. Essex odiaba a López por su doble juego y resolvió vengarse.
·····Encontró una oportunidad cuando un hombre llamado Tinoco confesó que él y otro individuo de apellido Ferrara habían sido enviados a Inglaterra para convencer a López de que trabajase en favor de la cuasa española, y que éste había aceptado del rey de España una valiosa joya en prenda de buena voluntad. López fue detenido e interrogado, pero después de una búsqueda exhaustiva en todos sus papeles privados, no se pudo encontrar nada incriminatorio. La reina, entonces, acusó a Essex de intención dolosa y le retiró su favor. Essex se enfureció y dedicó el invierno de 1593-94 a montar contra López una acusación tan verosímil que hiciera intervenir al fiscal general. López fue acusado formalmente en el Guildhall a finales de febrero de 1594, y el jurado, impulsado tanto por un prejuicio antisemita como por pruebas reales, le declaró culpable de conspirar contra la vida de la reina. López, y con él Tinoco y Ferrara, fueron sentenciados a morir en la horca y a ser descuartizados en Tyburn. Hubo algún retraso en la ejecución de la sentencia -la reina seguía abrigando dudas sobre la culpabilidad de su 'monito', como llamaba a López- y el gran entretenimiento público de la triple carnicería no se ofreció hasta junio.
·····Podemos imaginar la euforia infantil de Southampton por la victoria de Essex sobre su reina y su enemigo -una euforia que a Shakespeare le resultaría de muy mal gusto. La motivación tras todo aquel asunto nauseabundo no era tanto la devoción de la soberana cuanto un afán personal de venganza. La crueldad de la ejecución quedó recalcada por la carcajada general que estalló cuando López, con la soga al cuello y mientras el cuchillo del verdugo rielaba al sol, juró que amaba a la reina tanto como a Jesucristo, una declaración ambigua en boca de un judío. Essex y los suyos debieron de hallarse allí para presenciar la carnicería de aquel hermoso día de junío entre los abucheos y las risas de los ciudadanos que llevaban sobre sus hombros a niños que comían frutas escarchadas -un buen día de esparcimiento al aire libre, con espectáculo gratis-. Pensamos que Shakespeare no estuvo presente. Pero no dejó de explotar el resentimiento general contra los judíos escribiendo una obra en la que el villano es uno de ellos, pero no como traidor, sino como usurero."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, págs. 114-116.
·····Encontró una oportunidad cuando un hombre llamado Tinoco confesó que él y otro individuo de apellido Ferrara habían sido enviados a Inglaterra para convencer a López de que trabajase en favor de la cuasa española, y que éste había aceptado del rey de España una valiosa joya en prenda de buena voluntad. López fue detenido e interrogado, pero después de una búsqueda exhaustiva en todos sus papeles privados, no se pudo encontrar nada incriminatorio. La reina, entonces, acusó a Essex de intención dolosa y le retiró su favor. Essex se enfureció y dedicó el invierno de 1593-94 a montar contra López una acusación tan verosímil que hiciera intervenir al fiscal general. López fue acusado formalmente en el Guildhall a finales de febrero de 1594, y el jurado, impulsado tanto por un prejuicio antisemita como por pruebas reales, le declaró culpable de conspirar contra la vida de la reina. López, y con él Tinoco y Ferrara, fueron sentenciados a morir en la horca y a ser descuartizados en Tyburn. Hubo algún retraso en la ejecución de la sentencia -la reina seguía abrigando dudas sobre la culpabilidad de su 'monito', como llamaba a López- y el gran entretenimiento público de la triple carnicería no se ofreció hasta junio.
·····Podemos imaginar la euforia infantil de Southampton por la victoria de Essex sobre su reina y su enemigo -una euforia que a Shakespeare le resultaría de muy mal gusto. La motivación tras todo aquel asunto nauseabundo no era tanto la devoción de la soberana cuanto un afán personal de venganza. La crueldad de la ejecución quedó recalcada por la carcajada general que estalló cuando López, con la soga al cuello y mientras el cuchillo del verdugo rielaba al sol, juró que amaba a la reina tanto como a Jesucristo, una declaración ambigua en boca de un judío. Essex y los suyos debieron de hallarse allí para presenciar la carnicería de aquel hermoso día de junío entre los abucheos y las risas de los ciudadanos que llevaban sobre sus hombros a niños que comían frutas escarchadas -un buen día de esparcimiento al aire libre, con espectáculo gratis-. Pensamos que Shakespeare no estuvo presente. Pero no dejó de explotar el resentimiento general contra los judíos escribiendo una obra en la que el villano es uno de ellos, pero no como traidor, sino como usurero."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, págs. 114-116.
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martes, 15 de junio de 2010
"Otra comedia bastante inferior debió de haber sido compuesta, sin duda, en exclusiva para un público de buena cuna. Se trata de Trabajos de amor perdidos, que data, probablemente, de finales de 1593. Will había tomado nota de las piezas escritas por John Lyly para los Niños de la Capilla Real y San Pablo, una comedias muy refinadas y bastante encantadoras, llenas de juegos de palabras y referencias artificiosas (con su novela Euphues, Lyly había demostrado estar bien capacitado para ello). Aquellas pequeñas obras teatrales no estaban destinadas a los teatros públicos: sus delicados pétalos se habrían marchitado bajo las ráfagas de olor a ajo de la chusma que ocupaba la platea. Se interpretaban ante la reina y en domicilios particulares. El círculo de Southampton disfrutaba con ellas, o lo aparentaba. En la década de 1590 se publicaron algunas -Galatea, Midas, Camapaspe, Endymion; todas con buenos temas clásicos- y se pudieron examinar sin agobios el lenguaje melifluo y los conceptos ingeniosos. Shakespeare los analizó y, luego, procedió a escribir una comedia propia refinada y cortesana repleta de sutilezas de ingenio, grandes palabras y alusiones a viajes por el extranjero. Trabajos de amor perdidos es casi exasperantemente aristocrática.
·····Su tema era muy representativo de las opiniones del círculo de Southampton sobre la buena vida. Los principales personajes -el rey de Navarra, Berowne, Longaville y Dumain- han jurado alejarse de las mujeres durante tres años y dedicarse a algún trabajo arduo. Los propios nombres se prestaban a risa en aquel contexto. En efecto, se sabía muy bien que Enrique de Navarra era un hombre incapaz de mantenerse apartado de las mujeres durante tres días, por no hablar de tres años. Sus comandantes -el mariscal de Biron y el duque de Longueville- eran también mujeriegos. En cuanto a Dumain, o De Mayenne, era el principal enemigo de Enrique de Navarra en la Liga Católica, y había tanta probabilidad de que deseara compartir con él tres años de enclaustramiento como de rezar a san Martín Lutero."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, págs. 107-108
·····Su tema era muy representativo de las opiniones del círculo de Southampton sobre la buena vida. Los principales personajes -el rey de Navarra, Berowne, Longaville y Dumain- han jurado alejarse de las mujeres durante tres años y dedicarse a algún trabajo arduo. Los propios nombres se prestaban a risa en aquel contexto. En efecto, se sabía muy bien que Enrique de Navarra era un hombre incapaz de mantenerse apartado de las mujeres durante tres días, por no hablar de tres años. Sus comandantes -el mariscal de Biron y el duque de Longueville- eran también mujeriegos. En cuanto a Dumain, o De Mayenne, era el principal enemigo de Enrique de Navarra en la Liga Católica, y había tanta probabilidad de que deseara compartir con él tres años de enclaustramiento como de rezar a san Martín Lutero."
Anthony Burgess: Shakespeare. Ediciones Península, Barcelona, 2006, págs. 107-108
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